lunes, 29 de noviembre de 2010

Los Insensantos

Escrita y dirigida por David Olguín

Por Verónica L. González

Duda si la verdad miente mas nunca dudes si te quiero…
Hablar de los insensatos es hablar de un mundo lleno de sensatez, de cosas que la gente “normal” no ve, de cosas que los cuerdos ignoran, es hablar de un teatro donde la fantasía es hacer teatro.
Las puertas del Milagro se cierran, son las 7:10, la obra da inicio, entran los locos a escena, los locos que nos recuerdan un poco, la demencia que también nosotros llevamos  dentro.
Comienza una revolución dentro de la Castañeda, el manicomio mandado hacer por el general Porfirio Díaz para conmemorar el centenario de la independencia, para encerrar a todos los inconformes, lo diferentes, los dementes, los locos…
Una revolución comandada por Amuleto, un actor de teatro frustrado llevado a la locura por  un amor ahogado en sangre, por el amor de Ofelia; la nunca deseada, la despreciada. Ofelia que se arrastró a la muerte por un actor, por la falta de un amor, por el exceso de irrealidad en su triste y abandonada realidad, Ofelia; la actriz, la dejada, la nunca amada…
La insurrección de los inconformes dentro de esa Anarco República Democrática que es  la Castañeda fue llevada a cabo por ocho dementes, chiflados como ellos lo dicen:
Pajarito,  el inocente, el más frágil tal vez, el tierno, el ausente, el olvidado, el olvidado como todos los que están en la Castañeda, un olvidado más del pueblo. Él que vuela en su mundo, en su casa que es un volcán, el que añora a la madre, el que ve florecitas de colores y pajaritos alrededor de ellas.
Septiembre, nombre perfecto, ideal, correcto para este personaje, que representa la libertad, la rebeldía de luchar en un mundo tan cerrado; por su vida, por sus gustos, por su dignidad, el que cambia y no quiere cambiar, el homosexual, el error de una familia, el hijo “puto” jamás reconocido, el alegre a pesar del abandono, el que tiene la gracia de ser los dos sexos a la vez y la fuerza de luchar como dos personas por un mismo ser, Septiembre; el que desde siempre fue libre y el que desde siempre ha sido revolucionario.
Sean, el impávido, el callado, el muerto… el ser que se deja arrastrar sin decir nada, sin objetar nada, el que no participa pero influye mucho, el que sólo es marioneta de los otros, al que nadie toma en cuenta, el sumiso, el que olvida y no le importa si fue olvidado, la imagen clara del pueblo mexicano.
Cruz Cruz, una doble moral, como aquellos salvajes que se entregan y se inclinan hacia donde está el poder, los hombres más peligrosos, los que se traicionan a si mismos y traicionan a los demás,  los que entregan los ideales de una lucha, los vendidos, como aquellos políticos ignorantes que apenas y saben leer pero buscan más poder, la mierda que el país; la Castañeda, tiene en exceso.  
Macabrillo, el alcohólico, el peligroso, el ambicioso, el colérico, el gruñón, el impulsivo, el que es capaz de matar por el poder, un olvidado más, olvidado por una mujer, frustrado por el olvido, uno de esos seres con la furia de mil personas y con la insensatez de  un millón, corrompido por los deseos de poder, de demostrar que él puede y las puede todas “su verbo predilecto es chingar y aquí manda el más chingón”.
Cordero, el “cuerdo”, el pozo sin fin que escucha la demencia de los revolucionarios, el hombre culto, el leído, el instruido, el que sirve para lo mismo que los demás pero con una función extra y es llevarlo todo por los senderos de la ley, el que apoya un régimen y muere por él, el que es llevado por cada uno de los insurrectos al borde de la locura, el que se convierte en uno más, el que muere intentando no  ser uno más…
Estos ocho personajes nos envuelven en una trama llena de amor y de olvido, en una trama llena de pasiones, ideas, ideales, nos envuelven de una manera exquisita y bien sazonada en una historia que vivimos cada día.  
La Castañeda y su Anarco República Democrática de 1910, es el espejo de México y su Narco República Democrática  de 2010, los personajes representan un poco a cada uno de nosotros, el pueblo; los olvidados. Los políticos; los que olvidan.
Son las 9:30, el público aplaude cinco minutos seguidos, se ponen de pie los espectadores, y hacen regresar al elenco cuatro veces. El director recibe felicitaciones y son 50 los seres que después de ver tan magnífica obra, se llevan una reflexión para la vida…
“No hay país para el festejo. Acción es la palabra”

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